Mi perro y yo
🐾 Mi perro y yo —
A veces pienso que mi perro me entiende mejor que muchas personas. No habla, claro, pero tiene una forma de mirarme que parece decir “aquí estoy”.
Lo adopté un día de lluvia, cuando yo misma no sabía muy bien qué hacer con mi vida. Él estaba temblando bajo un banco, empapado, con esas orejas caídas que parecían dos hojas mojadas.
No sé por qué me acerqué. Quizá porque los dos estábamos igual de perdidos.
Cuando lo levanté en brazos, olía a tierra húmeda y miedo. Pero también sentí algo más: como si, de repente, no estuviera sola.
Desde ese día, hacemos todo juntos. Caminamos, comemos, discutimos —bueno, yo discuto, él solo me mira— y a veces nos quedamos en silencio, escuchando cómo respira la casa.
No es un héroe. No vuela. No habla.
Pero cuando apoyo mi mano en su lomo, siento que el mundo deja de correr tan rápido.
Y eso, para mí, ya es magia.
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🐾 Mi perro y yo — Retrato de un rey travieso
Mi perro no camina: desfila.
Sale a la calle como si el mundo fuera su alfombra roja, moviendo la cola con ese ritmo orgulloso que solo tienen los que nacieron para ser reyes… o al menos él está convencido de eso.
Le encanta ir de paseo. Apenas oye la correa y ya está dando mil volteretas, como si la vida fuera una fiesta que empieza cada cinco minutos. A veces sonríe —sí, sonríe— y cuando lo hace, parece que el aire se vuelve más ligero, como si él también sintiera que nació para ser libre.
Pero no te confundas: también es enojón.
Si algo no le gusta, te lo hace saber con un gruñidito digno de un emperador ofendido. Y si te descuidas, capaz te da un mordisquito, no para lastimar, sino para recordarte que él tiene carácter… y que no piensa dejar de tenerlo.
Aun así, es el amigo más leal que existe.
Aunque forme caos, aunque se crea de la realeza, aunque haga travesuras que me hacen suspirar, siempre vuelve a mí, se sienta a mi lado y apoya su cabeza en mi pierna como diciendo: “Aquí estoy. No me voy.”
Y yo lo miro y pienso que, si los perros fueran reyes, él sería el primero en la fila.
No por su corona imaginaria, sino por su corazón enorme, ruidoso, libre y fiel.
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