La Mirada que No Amaba
La Mirada que No Amaba
Hace tiempo
que por mí no sentías nada.
No me lo dijiste con palabras,
lo ibas dejando caer en tu mirada.
Yo lo aprendí así:
cuando alguien no te ama,
los ojos se vacían,
ya no sostienen el alma.
Yo solo pedía: ámame.
Dame una noche de pasión,
una migaja de fuego,
un gesto que salvara el corazón.
Recuerdo esa noche.
Te pedía cariño
mientras mis labios buscaban los tuyos
y los tuyos huían,
esquivando mi destino.
Besaba tu boca
y tú retirabas los ojos,
como si mirarme doliera,
como si yo ya fuera un estorbo.
Esa mirada tuya…
no gritaba odio,
gritaba ausencia.
Indiferencia fría,
afilada como sentencia.
Esa mirada indiferente me está matando.
Porque el silencio mata,
y la ausencia susurra
—ya no llores, amor, te amo—
cuando en realidad ya no queda nada.
Una persona puede decir “te amo”,
pero los ojos no saben mentir.
La mirada lo relata todo,
cuando el amor se fue
y solo quedó energía sin latir.
El destino queda cegado,
porque el viento ya no se refleja en ti,
no me nombra,
no me toca,
no regresa a mí.
Qué dolor provoca
una mirada indiferente:
más que un grito,
más que un adiós,
porque mata lentamente.










Comentarios
Publicar un comentario